La Mujer Dormida, la Iztaccíhuatl, esta hermosa volcana que alcanzamos a ver a lo lejos cuando el contaminado cielo de la Ciudad de México nos lo permite, es parte de nuestra ciudad, de nuestra cotidianidad y de nuestra historia. Esta volcana con forma de mujer que yace, es más que una estructura geológica. Los glaciares que algún día cubrieron su cuerpo dejan hoy estrías marcadas en sus piedras, en su vientre, en su piel.
Su Pecho, que es la cumbre de esta montaña, se eleva a 5,286 metros sobre el nivel del mar y concentra uno de los dos glaciares que quedan en México y que muy pronto desparecerán. El glaciar del pubis desapareció.
El glaciar de la panza retrocedió hasta desaparecer. En su lugar quedan agujeros. Su Pecho lleno de grietas pronto desparecerá. Este cuerpo mutilado de mujer, lleno de cicatrices, estrías, e imperfecciones, resguarda miles de años de historia, aprendizaje, crecimiento, evolución y herencia. Nos enseña sobre la importancia de conservar, respetar, amar y evolucionar.
Esta Mujer Dormida despierta en nosotras consciencia y es perfecta taly como es hoy.

