Desde el cielo, es te árbol caído en la orilla parece rendido, pero su presencia sigue firme, acariciada por el mar. No hay derrota en su quietud: hay memoria, raíz , permanencia. Como los cuerpos que han atravesado la enfermedad, es te tronco es testimonio de vida y resistencia. El paisaje evoca una piel abierta, marcada, y s in embargo en paz , abrazada por la luz.
Es ta imagen honra lo que ha s ido trans formado s in desaparecer; lo que resiste con dignidad desde el suelo. Porque el cuerpo que cae también florece.
Es el que ha elegido vivir, abrir se a la luz , vol ver se territorio fértil.
Porque sanar no es vol ver atrás , sino sos tener se con belleza en medio del cambio.
El cuerpo caído, no es cuerpo vencido
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